EDITORIAL DEL DOMINGO

La Inteligencia Artificial ya está presente. No es una tecnología del futuro ni una posibilidad lejana. Llegó para quedarse y está transformando empresas, bancos, industrias, universidades y administraciones públicas en todo el mundo.

La pregunta para Paraguay ya no debería ser si vamos a utilizar Inteligencia Artificial.

La pregunta es: ¿cuánto tiempo más vamos a administrar el Estado con instituciones desconectadas, bases de datos aisladas, trámites que todavía dependen del papel y controles que muchas veces llegan después de que el dinero público ya fue pagado o gastado?

Paraguay necesita dar un salto institucional.

Necesita construir un Estado Digital.

Cuando las instituciones no conversan entre sí

Un ejemplo reciente demuestra que la digitalización no es simplemente una cuestión tecnológica.

Es una cuestión económica y de buena administración.

La falta de una base digital e interoperable de defunciones a nivel nacional puede impedir que instituciones como el Instituto de Previsión Social reciban oportunamente información indispensable para suspender pagos que ya no corresponden.

El problema de fondo es mucho mayor que un caso particular.

¿Cuántas bases de datos existen hoy dentro del Estado paraguayo que todavía no conversan entre sí?

Registro Civil, IPS, Ministerio de Economía y Finanzas, instituciones de la Administración Central, organismos de control y muchas otras dependencias producen diariamente millones de datos.

Pero tener datos no significa tener un Estado Digital.

El verdadero salto ocurre cuando esos datos pueden conectarse, verificarse y generar alertas oportunamente.

Del control posterior al control inteligente

Durante décadas construimos un Estado donde gran parte del control se realiza después de ocurrido el hecho.

Primero se paga.

Primero se contrata.

Primero se transfiere.

Primero se ejecuta.

Después llega la auditoría.

La tecnología permite comenzar a cambiar ese paradigma.

La Contraloría General de la República y los organismos responsables de la función pública podrían disponer de herramientas digitales capaces de cruzar permanentemente información sobre funcionarios, cargos, remuneraciones, horarios, asistencia y ejecución presupuestaria.

Un sistema de Inteligencia Artificial podría identificar inconsistencias y generar alertas para que sean posteriormente verificadas por los órganos competentes.

La IA no debe condenar a nadie ni sustituir al auditor.

Debe ayudarlo a encontrar aquello que merece ser investigado.

Los planilleros deberían detectarse antes de cobrar

Imaginemos una plataforma única de empleo público.

Cada funcionario tendría asociados digitalmente su identidad, institución, cargo, función, horario, asistencia, remuneración y fuente presupuestaria.

Antes de procesar determinados pagos, el sistema podría realizar cruces automáticos.

¿Existe superposición horaria?

¿Aparece una misma persona simultáneamente en instituciones diferentes?

¿Existe asistencia verificable?

¿Coinciden cargo, función y remuneración?

¿Existe alguna inconsistencia entre la nómina institucional y los registros centrales?

Una anomalía no significa necesariamente corrupción. Pero debe producir una alerta para su revisión.

Por eso sostenemos:

El planillero no debería ser descubierto años después por una auditoría. Un Estado Digital debe poder detectarlo antes de que cobre.

Cada guaraní debe dejar una huella digital

El mismo principio debe aplicarse al Presupuesto General de la Nación.

El dinero del contribuyente debería poseer trazabilidad desde que ingresa al Estado hasta su utilización final.

Recaudación.

Presupuesto.

Transferencia.

Licitación.

Contrato.

Orden de compra.

Pago.

Proveedor.

Bien o servicio recibido.

Todo debería dejar una huella digital verificable.

La Inteligencia Artificial podría analizar millones de operaciones y advertir patrones anormales, pagos duplicados, modificaciones reiteradas, concentraciones de proveedores u otras inconsistencias que posteriormente deberían examinar los organismos responsables.

Esto no elimina automáticamente la corrupción.

Pero hace mucho más difícil esconderla.

Itaipú también necesita trazabilidad

La discusión actual sobre Itaipú ofrece otro ejemplo.

Paraguay discute cuánto debería valer su energía y qué tarifa debería regir después de 2026.

Es un debate fundamental.

Pero existe otra pregunta igualmente importante:

¿Qué hacemos con los recursos que produce nuestra energía?

Todo recurso extraordinario proveniente de Itaipú debería tener trazabilidad pública.

El ciudadano debería poder conocer cuánto ingresó, dónde fue presupuestado, qué institución lo recibió, qué proyecto financió, cuánto se ejecutó y qué resultado produjo.

La transparencia no puede depender exclusivamente de informes publicados meses o años después.

Debe aproximarse cada vez más al tiempo real.

De vender energía a producir desarrollo

También necesitamos cambiar la manera en que pensamos Itaipú.

Durante décadas la discusión estuvo concentrada principalmente en cuánto recibimos por nuestra energía excedente.

Pero Paraguay debería comenzar a formular otra pregunta:

¿Cuánto desarrollo podemos producir utilizando nuestra propia energía?

Una electricidad abundante y competitiva puede convertirse en una de las mayores ventajas económicas del Paraguay.

Industria.

Tecnología.

Centros de datos.

Electromovilidad.

Hidrógeno verde.

Fertilizantes.

Nuevas inversiones.

Miles de empleos.

La energía paraguaya puede generar mucho más valor cuando se transforma en producción nacional.

Para lograrlo necesitamos infraestructura eléctrica, planificación y una ANDE preparada para acompañar una nueva etapa de industrialización.

El Estado Digital tampoco significa comprar computadoras

Durante muchos años confundimos digitalización con informatización.

Comprar computadoras no construye un Estado Digital.

Crear una página web tampoco.

Digitalizar un formulario de papel tampoco es suficiente.

El verdadero Estado Digital aparece cuando las instituciones son interoperables.

Cuando un dato registrado correctamente en una institución puede ser utilizado —con las garantías legales, de seguridad y privacidad correspondientes— por otra institución que lo necesita.

El ciudadano no debería convertirse en mensajero del propio Estado, llevando certificados expedidos por una oficina pública hasta otra oficina pública.

El Estado debería consultar al Estado.

MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033: una hoja de ruta

Desde El Paraguay que queremos no pretendemos limitarnos a señalar problemas.

Queremos también plantear soluciones.

Por eso desarrollamos MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033, donde proponemos una hoja de ruta para avanzar hacia un Paraguay digital, transparente y preparado para utilizar la Inteligencia Artificial.

Identidad digital.

Interoperabilidad institucional.

Recaudación digital.

Trazabilidad del dinero público.

Controles automáticos.

Inteligencia Artificial aplicada a auditoría.

Indicadores de gestión.

Tableros ciudadanos.

Información para tomar decisiones.

El objetivo no es crear más burocracia.

Es exactamente lo contrario.

Utilizar la tecnología para construir un Estado más pequeño en trámites, pero mucho más grande en capacidad de control y servicio al ciudadano.

La IA no reemplaza a las instituciones

También debemos evitar una equivocación.

La Inteligencia Artificial no sustituirá a la Contraloría, ni a los organismos responsables de la función pública, ni al Registro Civil, ni al IPS, ni al MEF, ni a los administradores.

Los hará potencialmente más eficientes.

La decisión final continuará correspondiendo a las personas y a las instituciones conforme a la Constitución y las leyes.

La tecnología debe proporcionar información, cruzar datos, detectar anomalías y producir alertas.

El funcionario competente debe investigar, verificar y decidir.

Así se construye un sistema donde tecnología y responsabilidad institucional se complementan.

Paraguay no necesita solamente más presupuesto

Cada año repetimos prácticamente la misma discusión.

Faltan recursos.

Hay que aumentar el presupuesto.

Hay que recaudar más.

Hay que conseguir financiamiento.

Todo eso puede formar parte del debate.

Pero existe una pregunta anterior:

¿Estamos administrando correctamente cada guaraní que ya tiene el Estado?

No alcanza con recaudar más.

Paraguay necesita impedir que se robe, se desperdicie o se malgaste lo que ya recauda.

La Inteligencia Artificial, la interoperabilidad y la trazabilidad digital pueden convertirse en instrumentos extraordinarios para proteger el dinero de los contribuyentes.

La transformación que Paraguay necesita

El Paraguay que queremos no necesita simplemente digitalizar papeles.

Necesita transformar la arquitectura del Estado.

Un Estado donde Registro Civil pueda comunicarse digitalmente con IPS.

Donde los organismos responsables de la función pública puedan conocer los vínculos laborales del Estado.

Donde Contraloría pueda utilizar tecnología para encontrar anomalías antes de que transcurran años.

Donde cada guaraní del PGN pueda ser rastreado.

Donde los recursos provenientes de Itaipú tengan trazabilidad pública.

Donde nuestra energía deje de ser vista solamente como excedente para convertirse en instrumento de industrialización.

Y donde el ciudadano pueda controlar desde una computadora o un teléfono cómo funciona el Estado que financia con sus impuestos.

La hoja de ruta está sobre la mesa

La tecnología existe.

La Inteligencia Artificial existe.

Los datos existen.

Y desde MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033 hemos puesto sobre la mesa una propuesta de hoja de ruta.

Ahora falta la decisión institucional y política de avanzar.

Porque el Estado Digital ya no es solamente modernización.

Es transparencia.

Es eficiencia.

Es control.

Es ahorro.

Es lucha contra la corrupción.

Es competitividad.

Y, fundamentalmente, es una nueva relación entre el ciudadano y el Estado.

Paraguay no puede pretender construir el país del 2033 administrándolo con herramientas del siglo pasado.

El futuro ya comenzó.

La pregunta es si Paraguay está dispuesto a alcanzarlo.

Dr. Gerardo Meza C. – Economista
El Paraguay que queremos