Antes de discutir más aportes, menos prestaciones o una reforma de la Carta Orgánica, el IPS debe demostrar que puede seguir la ruta de cada guaraní, cada medicamento y cada operación.
El Instituto de Previsión Social acaba de poner una cifra concreta sobre un problema que los asegurados sienten desde hace tiempo: el Fondo de Salud registra un déficit mensual de entre US$ 12 millones y US$ 15 millones.
No estamos hablando de una diferencia menor.
A ese ritmo, estamos frente a un desequilibrio potencial de entre US$ 144 millones y US$ 180 millones por año, si ese nivel de déficit se mantuviera durante doce meses.
La respuesta institucional abre nuevamente la discusión sobre cómo financiar el sistema, qué prestaciones puede sostener y eventualmente qué modificaciones necesita su Carta Orgánica.
Es una discusión necesaria.
Pero no debería ser la primera.
Antes de preguntarle al trabajador cuánto más debe aportar, al empleador cuánto más debe contribuir o al asegurado qué prestación tendrá que resignar, existe una pregunta anterior:
¿ESTAMOS ADMINISTRANDO CON LA MÁXIMA EFICIENCIA LOS RECURSOS QUE YA TENEMOS?
Los datos expuestos ante el Congreso justifican la pregunta.
Durante la defensa presupuestaria se habló de faltantes de medicamentos, productos vencidos, dificultades de planificación, demoras de proveedores y problemas de abastecimiento.
Al mismo tiempo, el IPS informó que más del 90% de los medicamentos ya tenía contratos vigentes al cierre de la primera quincena de septiembre.
Entonces aparece una cuestión fundamental:
Si existe presupuesto, existe contrato y existe necesidad del paciente, ¿en qué punto se rompe la cadena?
¿En la planificación?
¿En la compra?
¿En el proveedor?
¿En la recepción?
¿En el depósito?
¿En la distribución?
¿En la farmacia?
¿En el pago?
Para responder esas preguntas el IPS necesita algo más que auditorías posteriores.
NECESITA CONTROL EN TIEMPO REAL.
El IPS ya dispone de sistemas informáticos y acumula millones de registros administrativos.
No hay que empezar de cero.
Hay que integrar esos sistemas y ponerles una capa inteligente capaz de relacionar información y detectar anomalías.
En otras palabras:
EL SOFTWARE YA ESTÁ. HAY QUE PONERLE CEREBRO.
La Inteligencia Artificial puede convertirse en una herramienta permanente de control de gestión.
Cada medicamento debería poder seguirse digitalmente desde la planificación de su compra hasta que llega a manos del asegurado.
Compra → contrato → proveedor → orden → recepción → depósito → distribución → hospital → farmacia → paciente → pago.
Cada paso debe dejar una huella digital, con responsable, fecha, hora, cantidad, precio y documentación respaldatoria.
Y el sistema debería trabajar 24 horas al día, 7 días a la semana.
No para reemplazar funcionarios.
Para controlar procesos.
Una plataforma inteligente podría advertir automáticamente que determinado medicamento está próximo a vencer en un hospital mientras falta en otro; detectar diferencias entre cantidades compradas, recibidas y distribuidas; identificar consumos extraordinarios; señalar retrasos recurrentes de proveedores; comparar precios; anticipar quiebres de stock y generar alertas cuando una operación se aparte de parámetros previamente establecidos.
La autoridad no debería enterarse meses después.
El sistema debería avisarle cuando está ocurriendo.
Eso es Gobierno Digital.
Eso es trazabilidad.
Eso es utilizar Inteligencia Artificial para administrar mejor el dinero público y los recursos de los asegurados.
LA HOJA DE RUTA YA ESTÁ PLANTEADA: MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033
Esta propuesta para el IPS no nace como reacción a la noticia de un déficit mensual.
Forma parte de una concepción mucho más amplia que desarrollamos en el libro MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033.
Allí está planteada una Hoja de Ruta para avanzar hacia un Estado Digital apoyado en Inteligencia Artificial, donde las instituciones públicas no funcionen como islas tecnológicas, cada una con sistemas incapaces de comunicarse entre sí.
Paraguay necesita construir una infraestructura digital estructural del Estado.
Una arquitectura común que permita integrar información, procesos y controles, respetando las competencias y responsabilidades de cada institución.
El IPS puede ser uno de los grandes casos de aplicación.
Pero el concepto alcanza a toda la Administración Pública.
La infraestructura digital debe permitir que las operaciones relevantes de las instituciones públicas sean identificables, trazables, verificables y auditables.
Y sobre esa infraestructura debe actuar la Inteligencia Artificial.
No solamente para producir informes.
También para detectar anomalías, cruzar información, anticipar riesgos y generar alertas 24/7.
El objetivo es pasar progresivamente de un Estado que muchas veces descubre los problemas después de ocurridos a un Estado capaz de prevenirlos mientras los procesos están sucediendo.
Ese es el cambio estructural.
NO QUEREMOS DIGITALIZAR LA BUROCRACIA. QUEREMOS TRANSFORMARLA.
Digitalizar formularios no es suficiente.
Comprar computadoras no es transformación digital.
Tener numerosos sistemas informáticos desconectados tampoco constituye un Estado Digital.
La transformación aparece cuando existe una infraestructura capaz de conectar procesos, datos y responsabilidades y dejar una huella verificable de las decisiones administrativas.
IDENTIDAD → OPERACIÓN → RESPONSABLE → DOCUMENTO → PAGO → RESULTADO → CONTROL.
Todo trazable.
Todo auditable.
Y donde corresponda, con información pública accesible al ciudadano, respetando los datos personales y la información legalmente protegida.
Esta es precisamente la diferencia entre simplemente tener software y ponerle cerebro al software.
MÁS PRESUPUESTO SIN MEJOR CONTROL NO RESUELVE EL PROBLEMA
Para 2027, el IPS proyecta aproximadamente G. 14,2 billones de presupuesto, con una parte sustancial destinada a Salud.
Por eso la discusión no puede reducirse simplemente a conseguir más recursos.
Un sistema que administra semejante volumen necesita saber prácticamente en tiempo real qué compra, cuánto paga, qué recibe, dónde está, quién lo utiliza y qué resultado obtiene.
La Inteligencia Artificial no eliminará por sí sola el déficit del Fondo de Salud.
Tampoco sustituirá una eventual reforma financiera o actuarial que resulte necesaria.
Pero puede ayudar a responder una pregunta indispensable antes de pedir nuevos recursos:
¿DÓNDE SE VA CADA GUARANÍ?
El asegurado que aporta todos los meses tiene derecho a conocer esa respuesta.
Y la tecnología actual permite acercarnos mucho más a ella.
Por eso nuestra propuesta no comienza aumentando aportes.
Comienza aumentando control, eficiencia y transparencia.
PRIMERO TRAZABILIDAD.
PRIMERO CONTROL.
PRIMERO GESTIÓN.
Después, con LOS DOCUMENTOS A LA VISTA y los números debidamente trazados, discutamos cuánto realmente falta y cómo financiarlo.
Porque el IPS no constituye un problema tecnológico aislado.
Es una oportunidad para comenzar a construir la infraestructura digital estructural que Paraguay necesita.
LA HOJA DE RUTA ESTÁ PLANTEADA.
MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033.
ESTADO DIGITAL + INTELIGENCIA ARTIFICIAL + TRAZABILIDAD + CONTROL 24/7.
EL SOFTWARE YA ESTÁ.
HAY QUE PONERLE CEREBRO.
EL PARAGUAY QUE QUEREMOS