El Poder Ejecutivo presentó hoy al Congreso Nacional el proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2027. Son G. 166,3 billones, aproximadamente USD 25.700 millones, un aumento del 11,2% respecto del presupuesto aprobado para 2026. Es una cifra enorme que obliga a plantear una pregunta elemental: ¿cómo transformamos ese dinero en mejores servicios y resultados verificables para la población?
Este martes 1 de septiembre, el Poder Ejecutivo entregó formalmente al Congreso Nacional el proyecto de Presupuesto General de la Nación para el ejercicio fiscal 2027.
El documento establece un presupuesto total de G. 166,3 billones, equivalentes aproximadamente a USD 25.700 millones.
De ese monto, G. 87,9 billones corresponden a la Administración Central y G. 78,4 billones a las Entidades Descentralizadas.
Pero existe un dato que merece especial atención: el proyecto representa un incremento del 11,2% respecto del PGN aprobado para 2026.
El presupuesto crece.
La pregunta que debemos hacernos como sociedad es si los resultados del Estado crecerán en la misma proporción.
UN PRESUPUESTO NO ES SOLAMENTE UNA LISTA DE GASTOS
Durante décadas hemos discutido el Presupuesto General de la Nación principalmente desde una perspectiva contable.
¿Cuánto recibe Salud?
¿Cuánto recibe Educación?
¿Cuánto recibe Seguridad?
¿Cuánto recibe cada Ministerio?
¿Cuánto aumenta el salario de determinado sector?
Todo eso es necesario.
Pero falta una segunda parte de la discusión, posiblemente mucho más importante:
¿Qué resultado concreto obtiene el ciudadano por cada guaraní presupuestado?
El presupuesto público no pertenece al Gobierno de turno.
Tampoco pertenece al Congreso.
Es dinero proveniente de impuestos, tasas, contribuciones, empresas públicas, financiamiento y otras fuentes que finalmente comprometen los recursos de toda la sociedad.
Por eso, el ciudadano debería poder seguir ese dinero.
SALUD: G. 18,2 BILLONES Y UNA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR EL SISTEMA
El proyecto presentado por el Poder Ejecutivo contempla aproximadamente G. 18,2 billones para Salud.
Según la información oficial del Ministerio de Economía y Finanzas, se incorporan además G. 6,3 billones para responder a compromisos financieros asumidos por el sistema sanitario y G. 1,7 billones adicionales para sostener medicamentos e insumos médicos esenciales.
Esto revela algo que no podemos ignorar.
Una parte importante del esfuerzo presupuestario de 2027 no solamente financiará servicios futuros: también deberá enfrentar obligaciones que vienen acumulándose.
Y aquí aparece una pregunta económica fundamental:
¿Cómo se originaron esas obligaciones, quién las autorizó, cuándo se generaron y por qué el sistema permitió que crecieran hasta convertirse en una carga extraordinaria para el presupuesto siguiente?
No alcanza con pagar una deuda.
Hay que construir mecanismos que impidan que vuelva a generarse sin que la ciudadanía pueda verla.
MÁS RECAUDACIÓN TAMBIÉN SIGNIFICA MÁS RESPONSABILIDAD
Paraguay viene aumentando su capacidad recaudatoria.
La DNIT informó que entre enero y julio de 2026 recaudó aproximadamente G. 25,8 billones, con un crecimiento interanual del 2,1%.
La propia institución informó recientemente que la presión tributaria pasó del 9,1% al 11,2% al cierre de 2025.
Estos resultados son importantes.
Pero precisamente porque el Estado está fortaleciendo su capacidad de recaudar, debe fortalecer simultáneamente su capacidad para demostrar qué hace con el dinero recaudado.
La transparencia del siglo XXI ya no puede limitarse a publicar documentos PDF meses después de ejecutado el gasto.
La tecnología permite mucho más.
DEL PRESUPUESTO CONTABLE AL PRESUPUESTO TRAZABLE
Paraguay debería avanzar hacia un nuevo concepto:
el Presupuesto General de la Nación trazable digitalmente.
Cada programa presupuestario debería tener una identificación digital desde su nacimiento.
El ciudadano debería poder conocer desde su teléfono o computadora:
cuánto fue presupuestado;
cuánto fue comprometido;
cuánto fue obligado;
cuánto fue pagado;
a quién se pagó;
qué institución ejecutó el dinero;
qué bienes o servicios fueron adquiridos;
y qué resultado concreto produjo ese gasto.
No estamos hablando de una tecnología del futuro.
Las herramientas existen.
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL COMO AUDITOR PERMANENTE
Sobre esa infraestructura digital puede incorporarse inteligencia artificial.
La IA puede comparar millones de operaciones y detectar automáticamente comportamientos anormales:
precios superiores a valores históricos;
compras repetidas;
fraccionamiento de contrataciones;
proveedores recurrentes;
instituciones con baja ejecución;
aumentos extraordinarios de determinados gastos;
obligaciones que crecen sin respaldo presupuestario suficiente;
y diferencias entre lo presupuestado, lo contratado, lo entregado y lo efectivamente pagado.
La Contraloría, el Congreso, el Ministerio de Economía y Finanzas, la DNCP y las propias instituciones continuarían ejerciendo sus competencias legales.
Pero dispondrían de una herramienta tecnológica capaz de analizar permanentemente operaciones que manualmente sería prácticamente imposible controlar en tiempo real.
EL CIUDADANO TAMBIÉN PUEDE SER CONTRALOR
La transformación más importante sería cultural.
Hoy el ciudadano entrega sus impuestos al Estado y posteriormente tiene enormes dificultades para seguir el recorrido de ese dinero.
Eso puede cambiar.
Imaginemos un Tablero Ciudadano del PGN 2027.
Una persona podría seleccionar:
Salud → Hospital → Medicamentos → Presupuesto → Compra → Proveedor → Pago → Existencia.
O:
MOPC → Obra → Empresa → Contrato → Anticipo → Avance físico → Pagos realizados.
O:
Educación → Escuela → Infraestructura → Presupuesto → Ejecución → Resultado.
La transparencia dejaría entonces de ser solamente una obligación administrativa.
Se convertiría en una herramienta cotidiana de control ciudadano.
ANTES DE DISCUTIR MÁS IMPUESTOS, DISCUTAMOS MEJOR ESTADO
Cada vez que aparecen nuevas necesidades públicas surge naturalmente la discusión sobre cómo financiarlas.
Pero existe una pregunta anterior que Paraguay no debería abandonar:
¿estamos utilizando de la manera más eficiente posible los recursos que ya tenemos?
La política tributaria es una herramienta legítima de cualquier Estado.
Pero antes de trasladar nuevas cargas al contribuyente formal, Paraguay debe profundizar la formalización, combatir la evasión, eliminar gastos innecesarios, mejorar las compras públicas, controlar las obligaciones que se generan y medir resultados.
No se trata simplemente de gastar menos.
Se trata de gastar mejor.
G. 166,3 BILLONES EXIGEN G. 166,3 BILLONES DE TRAZABILIDAD
El PGN 2027 comenzará ahora su recorrido por el Congreso Nacional.
Vendrán audiencias, pedidos, modificaciones, ampliaciones y negociaciones.
Ese proceso es parte de la democracia presupuestaria.
Pero sería una oportunidad perdida si nuevamente toda la discusión se redujera a determinar qué institución recibe más dinero y cuál recibe menos.
Paraguay necesita dar un paso adicional.
Cada aumento presupuestario debería venir acompañado de una meta.
Cada meta, de un indicador.
Cada indicador, de un resultado verificable.
Y cada guaraní, de una trazabilidad digital.
Porque un presupuesto de G. 166,3 billones no debe medirse solamente por su tamaño.
Debe medirse por las escuelas que mejoran, los medicamentos que llegan, los pacientes que reciben atención, las rutas que se terminan, la seguridad que aumenta y los servicios públicos que funcionan.
EL PARAGUAY QUE QUEREMOS
El Paraguay que queremos no es necesariamente un Estado que recaude más ni simplemente un Estado que gaste más.
Es un Estado que administre mejor.
Un Estado digital donde el dinero público deje huellas desde que ingresa hasta que llega a su destino.
Un Estado donde la inteligencia artificial ayude a prevenir irregularidades antes de que el perjuicio ocurra.
Y un Estado donde cualquier ciudadano pueda preguntar desde su teléfono:
¿Dónde está mi dinero y qué resultado produjo?
El PGN 2027 pone sobre la mesa G. 166,3 billones.
Ahora corresponde discutir algo todavía más importante:
qué Paraguay vamos a construir con ellos.
Dr. Gerardo Meza C.
Economista
EL PARAGUAY QUE QUEREMOS