Paraguay tiene la energía: ahora necesita la infraestructura para convertirla en desarrollo

Paraguay posee una ventaja estratégica que pocos países pueden exhibir: abundante generación hidroeléctrica proveniente principalmente de Itaipú y Yacyretá. Pero producir energía no es suficiente. La verdadera soberanía energética comienza cuando el país tiene la infraestructura necesaria para retirar, transportar, distribuir y transformar esa energía en producción, industrias, inversiones y empleo.

Durante décadas hablamos de nuestra riqueza energética. Hoy debemos dar el siguiente paso: convertir esa riqueza en desarrollo económico y social.

Yguazú–Valenzuela: una obra estratégica

La entrada en servicio de la Subestación Yguazú de 500 kV y de la línea Itaipú–Yguazú, en 2023, constituyó un avance histórico. Según la ANDE, esa infraestructura otorgó al Paraguay las condiciones técnicas necesarias para disponer del 100% de la potencia que le corresponde en Itaipú.

Pero la infraestructura eléctrica nacional debe continuar fortaleciéndose.

Por eso resulta estratégica la construcción de la Línea de Transmisión de 500 kV Yguazú–Valenzuela, que permitirá transportar grandes bloques de energía hacia el centro del Sistema Interconectado Nacional y reforzar la seguridad y confiabilidad del suministro.

La obra tendrá aproximadamente 200 kilómetros, será de doble terna y representa una inversión cercana a USD 94 millones. La ANDE informó en febrero de 2026 que su culminación está prevista para enero de 2027.

Esta obra no puede sufrir atrasos.

La energía debe llegar donde están las familias y la producción

Una cosa es disponer de potencia en las centrales hidroeléctricas y otra es contar con las líneas, subestaciones y redes capaces de transportarla hasta los lugares donde será consumida.

Central y Asunción concentran una parte importante de la población, los servicios y la actividad económica del país. Paralelamente, nuevas industrias, parques industriales, centros logísticos, sistemas de transporte eléctrico y grandes centros de datos pueden aumentar considerablemente la demanda.

Por eso debemos mirar el sistema eléctrico como una cadena completa:

Generación → Transmisión → Distribución → Producción → Empleo.

Si cualquiera de esos eslabones resulta insuficiente, nuestra abundancia energética pierde parte de su enorme potencial económico.

Centros de datos: oportunidad, pero con planificación

Paraguay está despertando interés para inversiones electrointensivas, entre ellas los grandes centros de datos y la infraestructura vinculada a la inteligencia artificial.

Es una oportunidad que debemos aprovechar, pero con planificación.

Antes de comprometer grandes bloques de energía a proyectos de consumo intensivo, el Estado debe conocer con precisión:

  • cuánto crecerá la demanda eléctrica paraguaya;
  • qué capacidad real tendrán nuestras líneas y subestaciones;
  • qué inversiones adicionales deberá realizar la ANDE;
  • cuál será el impacto sobre la seguridad del suministro;
  • y, fundamentalmente, cuánto valor agregado, inversión y empleo quedarán en Paraguay.

Nuestra energía debe atraer inversiones, pero el primer compromiso debe ser garantizar el desarrollo energético sostenible del Paraguay.

De exportadores de electricidad a exportadores de productos

El gran desafío de la próxima década consiste en cambiar el paradigma.

Durante demasiado tiempo Paraguay produjo energía limpia y exportó una parte importante de su excedente. La Visión País debe proponerse utilizar progresivamente esa ventaja competitiva para industrializar nuestra economía.

En lugar de exportar solamente electricidad, podemos exportar:

alimentos industrializados, fertilizantes, hidrógeno y derivados cuando sean competitivos, productos tecnológicos, servicios digitales y manufacturas producidas con energía limpia paraguaya.

Cada megavatio utilizado inteligentemente dentro del país puede convertirse en inversión, producción, impuestos, conocimiento y puestos de trabajo.

Energía, infraestructura y transporte deben planificarse juntos

El desarrollo tampoco puede depender exclusivamente de carreteras.

 

 

Paraguay necesita una política multimodal de largo plazo que integre rutas, ferrocarriles, hidrovía, puertos, aeropuertos y transporte eléctrico.

La infraestructura energética y la infraestructura de transporte deben planificarse conjuntamente con la localización de nuevos polos industriales.

Donde llegue energía abundante y confiable deben poder instalarse industrias. Y donde existan industrias debe existir infraestructura logística eficiente para trasladar materias primas y productos terminados.

Esa integración reduce costos y aumenta nuestra competitividad.

Una hoja de ruta 2026–2033

Desde El Paraguay que queremos proponemos que el país establezca una hoja de ruta nacional de infraestructura, energía y transporte hasta 2033, con proyectos priorizados, cronogramas públicos, responsables institucionales, fuentes de financiamiento y seguimiento ciudadano.

La tecnología y la inteligencia artificial pueden contribuir a monitorear cada gran obra pública: avance físico, avance financiero, modificaciones contractuales, costos y cumplimiento de plazos.

El ciudadano debe poder conocer desde su teléfono o computadora cuánto costó una obra, cuánto se pagó, cuánto avanzó y cuándo debe terminar.

El Paraguay que queremos

Paraguay ya posee uno de los principales ingredientes para desarrollarse: energía renovable abundante.

Ahora debemos construir la infraestructura que permita convertir esa energía en bienestar.

Terminar las grandes líneas de transmisión, fortalecer las redes de distribución, reducir pérdidas, garantizar energía para las familias, atraer industrias responsables y desarrollar un sistema moderno de transporte y logística deben formar parte de una misma política de Estado.

No alcanza con decir que Paraguay tiene energía.

El verdadero éxito será poder decir:

Paraguay tiene la energía, tiene la infraestructura, la transforma en producción y genera trabajo para su gente.

Ese es el Paraguay que queremos.

Dr. Gerardo Meza C.
Economista
El Paraguay que queremos