Por Dr. Gerardo Meza C. – Economista
La reciente ratificación del grado de inversión de Paraguay por parte de Moody’s constituye una buena noticia para el país. Significa que la economía paraguaya mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos, estabilidad monetaria, una deuda pública moderada y un historial de responsabilidad fiscal que inspira confianza a los mercados internacionales.
Sin embargo, la agencia también envió un mensaje claro: el siguiente paso ya no depende únicamente de mantener una economía estable, sino de fortalecer la capacidad institucional del Estado y ampliar de manera sostenible los ingresos públicos.
Ese diagnóstico merece un análisis más amplio.
Paraguay parte de una posición privilegiada
A diferencia de numerosos países de la región, Paraguay conserva fortalezas que constituyen una ventaja competitiva:
- Inflación controlada.
- Banco Central independiente.
- Deuda pública inferior al promedio de países con similar calificación.
- Crecimiento económico sostenido.
- Energía limpia, renovable y competitiva.
- Una ubicación estratégica en el centro de Sudamérica.
Estas fortalezas explican por qué Paraguay alcanzó el grado de inversión.
Por lo tanto, el desafío no consiste en cambiar el modelo económico, sino en perfeccionarlo.
El verdadero desafío no es solamente recaudar más
Con frecuencia se interpreta que ampliar los ingresos públicos significa aumentar impuestos.
No necesariamente.
Paraguay posee un enorme potencial para incrementar sus recursos mediante el crecimiento económico, la industrialización, la formalización y la incorporación de nuevas actividades productivas.
Cuando la economía crece, aumenta naturalmente la base tributaria sin necesidad de elevar la presión fiscal.
El oro verde puede convertirse en una nueva fuente de desarrollo
Dentro de esa estrategia aparece una oportunidad extraordinaria.
El desarrollo regulado de la industria del cannabis medicinal e industrial —el denominado “oro verde”— podría transformarse en una nueva fuente permanente de recursos para el Estado.
Nuestra propuesta consiste en destinar una parte específica de esos ingresos a un Fondo Nacional de Infraestructura Ferroviaria, con reglas claras, auditorías independientes y control ciudadano.
De esa manera, los nuevos recursos no financiarían gasto corriente, sino inversiones productivas capaces de transformar la competitividad del país durante varias décadas.
Infraestructura para aumentar la productividad
El siguiente salto económico del Paraguay no dependerá únicamente del equilibrio fiscal.
También requerirá inversiones en:
- ferrocarriles eléctricos;
- corredores logísticos;
- puertos modernos;
- infraestructura digital;
- inteligencia artificial aplicada al Estado;
- educación tecnológica;
- industrialización.
Estas inversiones reducen costos logísticos, aumentan exportaciones y generan mayores ingresos tributarios en el largo plazo.
La institucionalidad también produce crecimiento
Moody’s también enfatiza la necesidad de fortalecer la gobernanza.
Ese punto resulta fundamental.
Combatir la corrupción, digitalizar completamente la administración pública, transparentar las compras del Estado, ampliar la trazabilidad de los recursos públicos y utilizar inteligencia artificial para prevenir irregularidades no constituyen solamente políticas de transparencia.
También representan políticas económicas.
Cada guaraní administrado con eficiencia fortalece la confianza de los inversionistas y mejora la percepción internacional del Paraguay.
Itaipú obliga a prepararse desde ahora
Otro aspecto relevante es la futura reducción de recursos extraordinarios provenientes de Itaipú.
Esa realidad obliga al país a generar nuevas fuentes permanentes de ingresos.
La respuesta no debe ser aumentar impuestos indiscriminadamente.
Debe consistir en crear riqueza.
Industrializar la energía, desarrollar nuevos sectores productivos, ampliar el mercado de capitales, atraer inversiones, fortalecer las exportaciones y aprovechar plenamente las ventajas competitivas nacionales.
El Paraguay que Queremos
El grado de inversión no debe considerarse la meta final.
Es apenas el punto de partida.
Ahora corresponde construir un Estado más moderno, transparente, eficiente y digital; una economía con mayor valor agregado; una infraestructura ferroviaria que reduzca costos logísticos; y nuevas fuentes de financiamiento para el desarrollo nacional.
Paraguay posee energía limpia, estabilidad macroeconómica, recursos naturales, capital humano y una ubicación geográfica privilegiada.
Si fortalecemos nuestras instituciones y transformamos esas ventajas en productividad, el país no solo conservará el grado de inversión: estará en condiciones de alcanzar una categoría superior y consolidarse como uno de los principales polos de desarrollo de América Latina.
El desafío no es cambiar el modelo paraguayo. El desafío es hacerlo más eficiente, más transparente y más competitivo para las próximas generaciones.