La Inteligencia Artificial está cambiando aceleradamente la economía mundial. Automatiza tareas, reduce costos, aumenta la productividad y permite que empresas enteras realicen operaciones que anteriormente necesitaban una participación humana mucho mayor.

Este fenómeno abre una pregunta que los países deberán comenzar a responder:

¿Quién debe beneficiarse del enorme aumento de productividad generado por la Inteligencia Artificial?

Bill Gates planteó hace años una discusión provocadora: si una máquina reemplaza el trabajo que anteriormente realizaba una persona, el sistema económico debería encontrar alguna manera de mantener la contribución social que generaba ese trabajador.

La discusión hoy va mucho más allá de los robots industriales.

La Inteligencia Artificial puede analizar millones de operaciones, procesar documentos, evaluar riesgos, atender clientes, detectar fraudes y automatizar procesos administrativos y financieros prácticamente en tiempo real.

EL CASO DEL SISTEMA FINANCIERO

Los bancos son uno de los sectores donde esta transformación será particularmente profunda.

La banca digital y la Inteligencia Artificial permiten automatizar procesos que anteriormente necesitaban importantes estructuras administrativas.

Eso significa:

más productividad + menores costos operativos + mayor capacidad tecnológica = mayor valor económico generado por la automatización.

El Paraguay debería comenzar a discutir cómo una pequeña parte de ese beneficio adicional puede regresar al sistema social que durante décadas sostuvo el desarrollo del sector.

UNA PROPUESTA PARA LA CAJA BANCARIA

Aquí aparece una posibilidad que merece ser estudiada técnicamente.

Las entidades financieras que incorporen intensivamente Inteligencia Artificial y automatización podrían realizar una contribución previsional especial calculada sobre una fracción de los beneficios generados por esas mejoras de productividad.

No proponemos castigar la tecnología.

Todo lo contrario.

Paraguay necesita más Inteligencia Artificial, más banca digital, más innovación y mayor productividad.

Pero también debemos construir mecanismos para que una parte de los beneficios de esa transformación fortalezca la seguridad social.

En el caso del sistema financiero paraguayo, esos recursos podrían destinarse exclusivamente al fondo previsional de la Caja Bancaria, bajo reglas claras de administración, transparencia, trazabilidad y supervisión.

NO GRAVAR LA TECNOLOGÍA: COMPARTIR EL BENEFICIO

Existe una diferencia fundamental.

Cobrar un impuesto por cada computadora, algoritmo o robot podría terminar castigando la inversión tecnológica.

Una alternativa más moderna sería medir el beneficio económico generado por la automatización y establecer sobre esa base una contribución razonable.

La tecnología debe continuar avanzando.

Pero una parte de la riqueza adicional que produce puede ayudar a financiar la transición que ella misma provoca.

EDUCACIÓN: LA OTRA MITAD DE LA ECUACIÓN

Estos recursos tampoco deberían servir para perpetuar estructuras ineficientes.

La Inteligencia Artificial obliga a invertir simultáneamente en educación, ciencia, capacitación y reconversión laboral.

El trabajador desplazado de una tarea repetitiva debe tener oportunidades para adquirir nuevas capacidades y realizar funciones de mayor valor agregado.

Por eso, la discusión no debería ser:

IA versus trabajadores.

La verdadera discusión debe ser:

¿cómo utilizamos la IA para producir más, educarnos mejor y construir sistemas sociales financieramente sostenibles?

EL PARAGUAY QUE QUEREMOS

La Inteligencia Artificial no debe convertirse solamente en una herramienta para aumentar las ganancias de determinadas organizaciones.

Debe convertirse en una herramienta de desarrollo nacional.

Innovación, productividad, educación y seguridad social pueden avanzar juntas.

Nuestra propuesta para el sistema financiero es sencilla:

que una pequeña parte del beneficio extraordinario generado por la Inteligencia Artificial y la automatización contribuya al fortalecimiento del fondo previsional de la Caja Bancaria.

No queremos detener el futuro.

Queremos que los beneficios del futuro también ayuden a financiar el futuro de quienes construyeron el sistema.

Antes de establecer porcentajes o mecanismos definitivos, corresponde realizar estudios actuariales, económicos y jurídicos que determinen cuánto genera realmente la automatización y cuál sería una contribución sostenible sin afectar la competitividad del sistema financiero.

Porque las políticas públicas serias deben construirse sobre:

documentos, datos verificables, resultados medibles y sostenibilidad de largo plazo.

Dr. Gerardo Meza C.
Economista
El Paraguay que queremos