El eslabón perdido entre los buenos indicadores y la vida cotidiana es la calidad del Estado
Editorial de los Lunes – Economía y Finanzas Públicas
Paraguay puede exhibir buenos indicadores macroeconómicos. Podemos hablar de crecimiento económico, estabilidad monetaria, disciplina fiscal, reservas internacionales, inversión y mejores condiciones para atraer capital.
Todo eso importa. Una economía sin estabilidad difícilmente puede desarrollarse.
Pero existe una pregunta que millones de paraguayos podrían formularse todos los días:
¿Por qué esos resultados macroeconómicos no siempre llegan con la misma fuerza al bolsillo, al empleo, al hospital, a la escuela, al transporte y a la calidad de vida de las familias?
Ahí aparece uno de los grandes desafíos del Paraguay: construir el puente entre la macroeconomía y la microeconomía.
La macroeconomía es necesaria, pero no suficiente
El crecimiento del Producto Interno Bruto no significa automáticamente que todas las familias aumenten sus ingresos.
Una inflación controlada protege el poder adquisitivo, pero no garantiza mejores salarios.
Una mayor recaudación tributaria fortalece las finanzas públicas, pero tampoco asegura por sí sola mejores servicios.
Entre los recursos generados por la economía y el ciudadano existe un intermediario fundamental:
el Estado.
Y la calidad de ese Estado determina en gran medida cuánto del crecimiento económico termina transformándose en bienestar.
Cuando los recursos públicos son administrados eficientemente, pueden convertirse en carreteras, medicamentos, hospitales, escuelas, seguridad, infraestructura eléctrica, agua potable, tecnología y oportunidades.
Pero cuando existen corrupción, despilfarro, burocracia innecesaria, compras ineficientes, obras inconclusas, sobrecostos o falta de control, una parte de esos recursos pierde capacidad de generar bienestar.
Allí comienza a romperse el puente entre la macroeconomía y la microeconomía.
El problema no es solamente cuánto recauda el Estado
Durante décadas, gran parte de la discusión económica estuvo concentrada en cuánto recaudar, cuánto gastar, cuánto endeudarse y cuánto crecer.
Todas son preguntas importantes.
Pero existe otra igualmente trascendente:
¿Qué ocurre con cada guaraní después de ingresar al Estado?
El contribuyente cumple su obligación tributaria, pero después resulta extremadamente difícil seguir el recorrido completo de ese dinero.
Nuestra propuesta es cambiar ese paradigma.
Cada guaraní debe dejar una huella
El Paraguay necesita avanzar hacia un verdadero Estado Digital, donde el dinero público tenga trazabilidad desde su ingreso hasta su utilización final.
El principio debería ser sencillo:
Cada guaraní pagado por el contribuyente debe dejar una huella digital hasta su destino final.
No estamos hablando simplemente de reemplazar papeles por archivos electrónicos.
Digitalizar documentos no significa necesariamente transformar el Estado.
El verdadero cambio consiste en integrar tecnológicamente la recaudación, el presupuesto, las contrataciones, la tesorería, los pagos, la contabilidad, el patrimonio y los organismos de control.
Cada operación debería quedar registrada automáticamente.
Del contribuyente al destino final
Con una arquitectura pública interoperable, el ciudadano debería poder conocer, dentro de los límites necesarios para proteger datos personales y otra información legalmente reservada:
- cuánto dinero ingresó al Estado;
- a qué institución fue destinado;
- qué programa y partida presupuestaria lo respaldan;
- quién autorizó el gasto;
- qué procedimiento de contratación se utilizó;
- quién fue el proveedor;
- cuánto se pagó;
- qué bien, servicio u obra se recibió;
- y cuál fue finalmente el resultado obtenido.
Así, el presupuesto dejaría de ser solamente un gigantesco documento técnico para convertirse también en una herramienta de control ciudadano.
La Inteligencia Artificial como auditor permanente
Aquí aparece una enorme oportunidad para la Inteligencia Artificial.
La IA no debería sustituir a la Contraloría, a las auditorías internas, al Congreso, a la Justicia ni a los funcionarios responsables del control.
Debería potenciarlos.
Los sistemas podrían analizar permanentemente millones de operaciones y generar alertas cuando detecten situaciones anormales: precios fuera de parámetros, compras repetidas, proveedores vinculados, fraccionamiento de operaciones, modificaciones presupuestarias atípicas, pagos duplicados, contratos con retrasos o diferencias entre lo comprado, lo entregado y lo pagado.
Pasaríamos así de un Estado que muchas veces descubre las irregularidades meses o años después a un Estado con capacidad de control preventivo y prácticamente en tiempo real.
Un tablero ciudadano
La transformación debería culminar en una plataforma sencilla y accesible.
Desde un teléfono o una computadora, cualquier ciudadano debería poder consultar información comprensible sobre el uso de los recursos públicos.
No necesitamos convertir a cada paraguayo en contador público.
Necesitamos transformar los datos del Estado en información que cualquier ciudadano pueda entender.
¿Cuánto recaudamos?
¿Cuánto gastamos?
¿En qué gastamos?
¿Qué institución ejecutó?
¿Qué obra debía realizarse?
¿Cuánto avanzó?
¿Cuánto costó?
¿Se cumplió el objetivo?
Ese sería el verdadero tablero ciudadano del Paraguay.
La tecnología no elimina por sí sola la corrupción
También debemos ser rigurosos.
Ningún software puede garantizar que desaparezca completamente la corrupción.
La tecnología necesita instituciones independientes, controles efectivos, funcionarios responsables, legislación adecuada y sanciones cuando corresponda.
Pero un Estado integrado digitalmente puede reducir considerablemente los espacios de discrecionalidad y hacer mucho más difícil esconder una operación irregular.
La corrupción necesita oscuridad. La trazabilidad genera luz.
De la estabilidad macroeconómica al bienestar familiar
Paraguay debe continuar cuidando su estabilidad macroeconómica. Sería un grave error abandonar aquello que durante años permitió construir credibilidad económica.
Pero debemos dar el siguiente paso.
El éxito económico de un país no puede medirse solamente por sus indicadores agregados.
También debe medirse por lo que ocurre en la casa de cada familia: empleo, ingreso, alimentación, educación, salud, vivienda, transporte, seguridad y oportunidades.
Por eso necesitamos construir el puente que todavía falta:
MACROECONOMÍA → ESTADO EFICIENTE → INVERSIÓN Y SERVICIOS → MICROECONOMÍA → CALIDAD DE VIDA
Y para fortalecer ese puente proponemos:
Estado Digital + trazabilidad de cada guaraní + Inteligencia Artificial para el control preventivo + transparencia + tablero ciudadano.
El Paraguay que queremos
El contribuyente no debería perder de vista su dinero después de pagar sus impuestos.
Ese dinero pertenece a la sociedad y debe regresar a ella transformado en bienes públicos, infraestructura, servicios y oportunidades.
El desafío ya no consiste solamente en recaudar más.
Consiste en administrar mejor, controlar mejor y rendir cuentas mejor.
Cuando cada guaraní pueda ser seguido desde que entra hasta que cumple su finalidad pública, estaremos construyendo algo mucho más importante que una plataforma tecnológica.
Estaremos construyendo confianza.
Y cuando la estabilidad macroeconómica, la transparencia y la eficiencia del Estado logren encontrarse con la economía cotidiana de las familias, podremos comenzar a responder aquella pregunta inicial:
¿Cuándo llegará la macroeconomía a la microeconomía?
Cuando el crecimiento económico encuentre un Estado capaz de convertir cada guaraní público en resultados para la gente.
Dr. Gerardo Meza C.
Economista
El Paraguay que queremos