Por Dr. Gerardo Meza C.

Paraguay enfrenta una de las mayores paradojas de su historia económica: ser copropietario de una de las centrales hidroeléctricas más grandes y eficientes del mundo, Itaipú Binacional, y durante décadas no haber contado con la infraestructura necesaria para aprovechar plenamente la energía que le corresponde por derecho.

El Tratado de Itaipú establece que Paraguay tiene derecho al 50% de la energía producida. Sin embargo, ese derecho permaneció durante más de cincuenta años como una posibilidad teórica antes que una realidad económica. La razón nunca fue la falta de recursos energéticos, sino la ausencia de una red de transmisión y distribución capaz de transportar esa energía hasta los centros de consumo y producción del país.

La energía estaba disponible; la infraestructura no

Con frecuencia se sostuvo que Paraguay no realizó aportes significativos para la construcción de Itaipú. Ese argumento desconoce un principio elemental de la economía: sin el recurso hídrico compartido del río Paraná no existiría generación de energía. El agua constituye la materia prima esencial del proceso productivo y representa un aporte estratégico de enorme valor para ambos países.

El verdadero problema no estuvo en la producción de electricidad, sino en la incapacidad de trasladarla hacia donde podía convertirse en desarrollo económico.

La comparación resulta sencilla: es como disponer del tren más moderno del mundo, pero no haber construido las vías para hacerlo funcionar.

Durante décadas, Paraguay tuvo energía abundante, limpia y renovable, pero careció de las “vías eléctricas” necesarias para integrarla plenamente al sistema nacional.

El costo económico de una oportunidad desaprovechada

La falta de infraestructura tuvo consecuencias profundas para el desarrollo nacional. Al no poder utilizar internamente toda la energía disponible, Paraguay debió ceder gran parte de su excedente al Brasil en condiciones que limitaron el aprovechamiento económico de uno de sus activos estratégicos más importantes.

Mientras otros países construían industrias aprovechando energía competitiva, Paraguay continuó dependiendo de un modelo económico basado principalmente en la exportación de materias primas.

Esta situación retrasó la industrialización, limitó la creación de empleos de calidad y redujo las oportunidades para incorporar mayor valor agregado a la producción nacional.

La línea de 500 kV: una obra que cambia la historia

La construcción y ampliación del sistema nacional de transmisión de 500 kV constituye uno de los proyectos de infraestructura más trascendentes de las últimas décadas.

No se trata únicamente de instalar torres y cables eléctricos.

Se trata de construir la columna vertebral del desarrollo económico paraguayo.

Con una red de transmisión moderna, Paraguay podrá disponer efectivamente de la energía que le pertenece, fortalecer la seguridad energética y crear las condiciones necesarias para atraer inversiones industriales, impulsar parques tecnológicos, desarrollar centros de procesamiento de datos, promover industrias electrointensivas y consolidar una política de crecimiento basada en energía limpia y competitiva.

La energía como motor del Paraguay del futuro

La disponibilidad plena de electricidad abre oportunidades que hace apenas algunos años parecían inalcanzables.

El país podrá avanzar hacia la producción de hidrógeno verde, expandir la movilidad eléctrica, desarrollar industrias de alta tecnología, incorporar inteligencia artificial a los procesos productivos y consolidar un sistema ferroviario eléctrico que conecte los principales corredores logísticos nacionales con la Ruta Bioceánica y los mercados del Atlántico y del Pacífico.

La infraestructura energética deja así de ser una obra aislada para convertirse en el soporte de una nueva estrategia de desarrollo nacional.

Una lección para las próximas generaciones

También corresponde una reflexión autocrítica.

La deuda histórica en infraestructura no puede atribuirse únicamente a factores externos. Durante muchos años faltaron planificación de largo plazo, continuidad en las políticas públicas y decisiones oportunas para ejecutar inversiones fundamentales.

Hoy Paraguay dispone de una oportunidad histórica para corregir ese retraso.

La energía de Itaipú ya no debe verse únicamente como un recurso para exportar excedentes, sino como la base sobre la cual construir una economía más industrializada, más innovadora y más competitiva.

La verdadera soberanía energética no consiste solamente en tener derechos reconocidos en un tratado internacional.

Consiste en contar con la infraestructura necesaria para ejercer plenamente esos derechos y convertirlos en bienestar para toda la población.

Conclusión

La historia económica demuestra que los recursos naturales, por sí solos, no generan desarrollo.

El verdadero progreso surge cuando esos recursos se acompañan de infraestructura, planificación estratégica, inversión sostenida y visión de Estado.

Paraguay tiene hoy la oportunidad de transformar su riqueza energética en crecimiento económico, empleo, innovación y desarrollo sostenible.

La gran lección que deja Itaipú es contundente:

No basta con producir energía. Es indispensable construir la infraestructura que permita convertir esa energía en progreso para todos los paraguayos.


Dr. Gerardo Meza C.
Economista
Constructor – Productor del Libro “MOJO” – Documento Visión País 2026–2033

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