Biodiésel: Paraguay no debe retroceder, sino construir una hoja de ruta hacia el B20
La decisión del Gobierno de reducir temporalmente la mezcla obligatoria de biodiésel del 8–10% al 7% en el gasoil tipo 3, hasta el 31 de diciembre de 2026, responde a una búsqueda de equilibrio entre costos, calidad del combustible y competitividad de los sectores productivos. Es una medida coyuntural, pero no debería convertirse en un freno para una política de Estado.
El verdadero desafío no es discutir si la mezcla debe ser del 7%, 8% o 10%, sino definir qué modelo energético e industrial quiere construir Paraguay durante las próximas décadas.
Paraguay posee una ventaja competitiva excepcional: energía eléctrica limpia y abundante, una producción agrícola de primer nivel y capacidad para generar aceites vegetales que pueden transformarse en biocombustibles. Pocos países reúnen estas condiciones.
El biodiésel representa mucho más que un componente del combustible. Es una herramienta para:
- Industrializar la producción agropecuaria.
- Agregar valor dentro del país.
- Generar empleo industrial.
- Reducir importaciones de combustibles fósiles.
- Fortalecer la seguridad energética.
- Disminuir emisiones contaminantes.
Sin embargo, toda transición debe realizarse con responsabilidad técnica. La calidad del combustible, la disponibilidad de materia prima, la capacidad de producción nacional y el impacto sobre los costos logísticos deben evaluarse permanentemente.
Por ello, una reducción temporal puede ser razonable si está acompañada de una hoja de ruta clara.
La propuesta de “El Paraguay que Queremos”
En lugar de debatir año tras año el porcentaje de mezcla, Paraguay debería establecer una política pública con metas graduales:
- 2026: B7 (transición).
- 2027: B8.
- 2028: B10.
- 2030: avanzar hacia B20, siempre que los estudios técnicos demuestren su viabilidad.
Este cronograma permitiría que productores, industrias, transportistas y distribuidores planifiquen sus inversiones con previsibilidad.
Al mismo tiempo, el Estado debería incentivar nuevas plantas industriales, promover investigación sobre biocombustibles de segunda generación y fortalecer los controles de calidad para garantizar el buen funcionamiento de los motores.
Más industria, más empleo, más valor agregado
Cada litro de biodiésel producido en Paraguay significa trabajo paraguayo, inversión nacional y menor dependencia de combustibles importados.
No se trata solamente de proteger una industria; se trata de construir un modelo económico donde nuestras materias primas generen riqueza antes de salir del país.
Paraguay ya es una potencia agrícola. El siguiente paso debe ser convertirse también en una potencia agroindustrial y energética.
Las decisiones coyunturales son necesarias cuando existen razones económicas, pero nunca deben hacernos perder de vista el objetivo estratégico.
El Paraguay que Queremos necesita mirar más allá del corto plazo y convertir sus ventajas naturales en desarrollo sostenible, industrias modernas y empleos de calidad para las próximas generaciones. Ese debe ser el verdadero horizonte nacional.