Industrialización, soberanía energética, empleo rural y transición hacia una nueva matriz de transporte

Por el Dr. Gerardo Meza C. – Economista
El Paraguay que Queremos

En abril de 2022 afirmábamos que el biodiésel y la energía hidroeléctrica producida por las binacionales debían convertirse en dos grandes motores del desarrollo nacional.

Cuatro años después, aquella propuesta adquiere una renovada actualidad.

Desde este lunes 20 de julio de 2026, la comercialización del gasoil tipo 3 debe incorporar obligatoriamente una mezcla de entre el 8% y el 10% de biodiésel. La medida representa un paso significativo, pero también plantea la responsabilidad de convertir una disposición administrativa en una verdadera política nacional de industrialización, soberanía energética y desarrollo productivo.

El biodiésel no debe ser considerado solamente como un componente que se agrega al gasoil importado. Debe formar parte de una estrategia mucho más amplia para transformar nuestras materias primas, generar empleos, reducir progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles y preparar al Paraguay para una nueva matriz energética.

DEL CAMPO PARAGUAYO A LA INDUSTRIA NACIONAL

El biodiésel es un combustible renovable que puede producirse a partir de aceites vegetales, grasas animales y aceites reciclados. Su elaboración industrial convierte esas materias grasas en combustible y genera además coproductos que pueden aprovecharse en otras cadenas productivas.

Paraguay cuenta con una importante cadena de producción de soja y aceite vegetal. También dispone de otras materias primas con posibilidades de aprovechamiento, como la canola, el girasol, el algodón y determinadas grasas de origen animal.

La verdadera oportunidad no consiste únicamente en producir y exportar granos. El gran desafío nacional es avanzar hacia la transformación industrial:

grano, aceite, biodiésel, coproductos, tecnología, transporte y exportación con valor agregado.

Cada tonelada que pueda ser procesada en nuestro territorio representa posibilidades de empleo industrial, servicios logísticos, transporte, investigación, recaudación tributaria y mayores ingresos para las comunidades productoras.

Por eso, el biodiésel debe convertirse en una política de Estado y no solamente en una respuesta circunstancial frente a las variaciones internacionales del petróleo.

REDUCIR LA DEPENDENCIA DEL PETRÓLEO IMPORTADO

Paraguay no produce petróleo en cantidades comerciales suficientes para cubrir su consumo. Dependemos de combustibles importados y, en consecuencia, de factores que no controlamos:

  • la cotización internacional del petróleo;
  • las guerras y los conflictos geopolíticos;
  • los costos del transporte internacional;
  • las variaciones del tipo de cambio;
  • las decisiones de los países productores;
  • y las alteraciones de las cadenas mundiales de abastecimiento.

Cada crisis internacional puede trasladarse rápidamente al precio del gasoil, afectando al transporte público, la agricultura, la industria, la construcción y finalmente al costo de vida de toda la población.

El biodiésel nacional no eliminará inmediatamente esa dependencia, pero puede disminuirla progresivamente y permitir que una parte mayor del dinero que hoy sale del país permanezca circulando dentro de la economía paraguaya.

Esa sustitución debe realizarse con planificación, calidad industrial, estudios técnicos y metas graduales.

LA NUEVA MEZCLA: UNA OPORTUNIDAD QUE DEBE SER CONTROLADA

El aumento de la mezcla obligatoria para el gasoil tipo 3, situado entre el 8% y el 10%, constituye un avance hacia una mayor utilización del biodiésel producido en el país.

Sin embargo, no basta con establecer un porcentaje por resolución.

La implementación debe estar acompañada por controles rigurosos sobre:

  • la calidad del biodiésel;
  • las materias primas utilizadas;
  • el almacenamiento;
  • el transporte;
  • la composición final de la mezcla;
  • la trazabilidad del producto;
  • los posibles efectos sobre diferentes tipos de motores;
  • y la evolución del precio para los consumidores.

El Instituto Nacional de Tecnología, Normalización y Metrología cuenta con una norma aplicable al almacenamiento, transporte, abastecimiento y control de calidad del biodiésel puro y de sus mezclas con gasoil.

Estas normas deben cumplirse rigurosamente.

La soberanía energética no puede construirse sacrificando la calidad del combustible ni trasladando costos injustificados a los usuarios. Tampoco corresponde ignorar las inquietudes de propietarios de vehículos, transportistas, productores y operadores de maquinarias.

El Estado debe publicar periódicamente los resultados de los controles realizados por el Ministerio de Industria y Comercio y el INTN, identificando el porcentaje de mezcla, las características del combustible analizado y el cumplimiento de las especificaciones técnicas.

La transparencia generará confianza en esta nueva política industrial.

EL PRECIO FINAL DEBE SER TRANSPARENTE

El Ministerio de Industria y Comercio ha manifestado que la mayor incorporación de biodiésel no debería producir una variación significativa en el precio final del gasoil.

Esta afirmación debe demostrarse mediante información pública.

El consumidor tiene derecho a conocer:

  • cuánto cuesta el gasoil importado;
  • cuánto cuesta el biodiésel nacional;
  • cuál es la incidencia de la mezcla;
  • cuánto corresponde a impuestos;
  • cuánto corresponde a logística y distribución;
  • y cuál es el margen aplicado por las empresas.

La incorporación obligatoria del biodiésel no debe convertirse en un mecanismo para beneficiar exclusivamente a determinados sectores empresariales.

Debe beneficiar a todo el Paraguay mediante más industria, empleo, producción agrícola, competencia, estabilidad energética y precios razonables.

La política debe impedir posiciones dominantes, acuerdos cerrados o privilegios. Se necesita competencia entre productores que cumplan las mismas normas de calidad y transparencia.

INDUSTRIALIZAR LAS REGIONES PRODUCTIVAS

Uno de los principales objetivos debe ser instalar industrias cerca de las zonas donde se producen las materias primas.

No tiene sentido trasladar grandes volúmenes de productos primarios durante cientos de kilómetros para realizar procesos que podrían desarrollarse cerca de su lugar de origen.

La descentralización industrial permitiría:

  • reducir costos logísticos;
  • generar empleos en el interior;
  • fortalecer las economías departamentales;
  • aumentar los ingresos municipales;
  • capacitar a los jóvenes;
  • disminuir la migración hacia Asunción y el Departamento Central;
  • y agregar valor antes de comercializar o exportar.

Departamentos históricamente postergados, como San Pedro, Concepción, Caazapá y otras regiones productivas, necesitan infraestructura, caminos, energía, sistemas de riego, financiamiento, tecnología y capacitación.

El biodiésel puede formar parte de una estrategia de recuperación económica y social de estas regiones.

LAS FÁBRICAS DEL AGRICULTOR

Dentro de MOJO – Visión País 2026–2033, proponemos impulsar las Fábricas del Agricultor.

Estas fábricas permitirían organizar a pequeños y medianos productores mediante asociaciones, cooperativas o alianzas productivas para transformar localmente su producción.

El agricultor no debería limitarse a vender materia prima sin procesar. Debe tener oportunidades para participar en la cadena de industrialización y recibir una parte más justa del valor generado.

Las Fábricas del Agricultor podrían desarrollar, según las características de cada región:

  • extracción de aceites;
  • procesamiento de granos;
  • producción de alimentos balanceados;
  • fabricación de biocombustibles;
  • aprovechamiento de residuos agrícolas;
  • producción de fertilizantes orgánicos;
  • almacenamiento y clasificación;
  • y comercialización conjunta.

El Estado debe facilitar asistencia técnica, líneas de crédito, garantías, capacitación administrativa y acceso a tecnologías.

No se trata de crear industrias estatales burocráticas, sino de establecer condiciones para que productores organizados y empresas privadas puedan invertir, producir y competir.

BIODIÉSEL Y AGRICULTURA SOSTENIBLE

La expansión de los biocombustibles debe realizarse con responsabilidad.

No podemos promover un modelo que provoque deforestación, desplazamiento de comunidades, degradación de suelos o competencia irresponsable con la producción de alimentos.

La política nacional deberá priorizar:

  • materias primas producidas legalmente;
  • trazabilidad ambiental;
  • aprovechamiento de residuos;
  • rotación de cultivos;
  • recuperación de suelos;
  • eficiencia en el uso del agua;
  • investigación agrícola;
  • y certificaciones que permitan acceder a mercados exigentes.

La producción energética debe complementar la producción de alimentos y no sustituirla de manera descontrolada.

También debe promoverse la utilización de aceites usados y residuos de la industria alimentaria, evitando que materiales contaminantes terminen en cursos de agua o sistemas de desagüe.

BIODIÉSEL Y ENERGÍA HIDROELÉCTRICA: DOS MOTORES COMPLEMENTARIOS

Paraguay posee una extraordinaria capacidad de generación hidroeléctrica gracias a Itaipú y Yacyretá.

Por eso, nuestra estrategia energética no debe elegir entre biodiésel o electricidad. Debe utilizar inteligentemente ambas alternativas.

El biodiésel puede contribuir durante la transición en:

  • maquinarias agrícolas;
  • camiones;
  • transporte de carga;
  • vehículos diésel existentes;
  • equipos industriales;
  • y operaciones en lugares donde todavía no existe infraestructura eléctrica suficiente.

La energía hidroeléctrica, por su parte, debe impulsar progresivamente:

  • buses eléctricos;
  • automóviles eléctricos;
  • transporte urbano moderno;
  • trenes de pasajeros;
  • ferrocarriles de carga;
  • industrias electrointensivas;
  • producción de fertilizantes;
  • hidrógeno verde;
  • y almacenamiento energético.

El objetivo de largo plazo debe ser reducir el consumo de combustibles fósiles, sin destruir inversiones existentes ni imponer cambios sin planificación.

TRANSPORTE PÚBLICO Y TRENES ELÉCTRICOS

La transición energética no puede limitarse a cambiar el combustible utilizado por los automóviles particulares.

Paraguay necesita transformar completamente su sistema de transporte.

Debemos desarrollar:

  • buses eléctricos en Asunción y las principales ciudades;
  • trenes eléctricos de cercanías;
  • un corredor ferroviario nacional para pasajeros y cargas;
  • centros logísticos conectados con la Ruta Bioceánica;
  • estaciones de carga eléctrica;
  • y sistemas modernos de transporte público.

La energía hidroeléctrica paraguaya debe mover nuestros buses y trenes.

El biodiésel debe servir como combustible de transición para una parte importante del parque automotor, la maquinaria y el transporte pesado, mientras se desarrollan las redes ferroviarias y la infraestructura eléctrica.

No debemos reemplazar una dependencia por otra. Tampoco debemos quedar condenados a importar indefinidamente combustibles, vehículos, baterías, maquinarias y tecnología.

Paraguay debe promover progresivamente el ensamblaje y la fabricación local de equipos, componentes, buses, trenes y sistemas energéticos.

UN FONDO PARA LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA

Parte de la recaudación generada por los combustibles y las nuevas actividades industriales podría destinarse a un Fondo Nacional de Transición Energética e Infraestructura Ferroviaria.

Este fondo debería financiar, con total transparencia:

  • electrificación del transporte público;
  • construcción de corredores ferroviarios;
  • investigación sobre biocombustibles;
  • adaptación tecnológica de pequeñas industrias;
  • capacitación de trabajadores;
  • apoyo a las Fábricas del Agricultor;
  • infraestructura logística;
  • y proyectos de eficiencia energética.

Su administración debe ser digital y públicamente auditable.

Cada guaraní recaudado y utilizado debe dejar una huella visible para la ciudadanía.

INVESTIGACIÓN, UNIVERSIDADES Y TECNOLOGÍA

El desarrollo de una industria nacional del biodiésel exige investigación permanente.

Las universidades, centros tecnológicos, empresas y organismos públicos deben trabajar conjuntamente para estudiar:

  • nuevas materias primas;
  • productividad por hectárea;
  • resistencia de motores;
  • comportamiento de distintas mezclas;
  • reducción efectiva de emisiones;
  • conservación y almacenamiento;
  • utilización de coproductos;
  • impactos económicos;
  • y sostenibilidad ambiental.

Paraguay no debe limitarse a comprar tecnologías desarrolladas por otros países.

Debemos formar técnicos, ingenieros, químicos, economistas, especialistas en energía, investigadores y emprendedores capaces de desarrollar soluciones adaptadas a nuestra realidad.

UNA POLÍTICA NACIONAL CON METAS MEDIBLES

La política del biodiésel necesita objetivos concretos y evaluables.

El país debería definir:

  1. Cuánto combustible fósil pretende sustituir en cinco, diez y veinte años.
  2. Cuánta capacidad industrial nacional será instalada.
  3. Cuántos empleos directos e indirectos serán creados.
  4. Qué proporción corresponderá a pequeños y medianos productores.
  5. Qué inversiones se realizarán en investigación y control de calidad.
  6. Cuánto disminuirán las importaciones de derivados del petróleo.
  7. Cómo evolucionarán los precios para el consumidor.
  8. Qué beneficios ambientales podrán comprobarse.
  9. Cómo se integrará el biodiésel con la electrificación del transporte.
  10. Qué mecanismos evitarán monopolios, corrupción y privilegios.

Sin metas públicas, indicadores y controles, una buena idea puede terminar capturada por intereses particulares.

UNA VISIÓN QUE COMENZÓ EN 2022

Cuando en 2022 propusimos convertir al biodiésel y a la energía hidroeléctrica en motores del desarrollo nacional, advertíamos que Paraguay necesitaba cambiar su matriz energética e industrializar sus materias primas.

Aquella propuesta no buscaba solamente producir otro combustible.

Buscaba crear empleos dignos, fortalecer a los agricultores, desarrollar el interior del país, disminuir la pobreza, aprovechar nuestra energía y construir una economía menos vulnerable frente a las crisis internacionales.

Hoy, con la nueva mezcla obligatoria de biodiésel, Paraguay ha dado un paso.

Pero todavía falta transformar ese paso en un verdadero camino de desarrollo.

EL PARAGUAY QUE QUEREMOS

El biodiésel debe ser uno de los motores del desarrollo paraguayo, complementado por nuestra energía hidroeléctrica, los buses eléctricos, los trenes de pasajeros y carga, la industrialización agrícola y una moderna infraestructura logística.

La riqueza del Paraguay no debe salir únicamente en forma de materias primas.

Debe transformarse en industrias, conocimientos, empleos, tecnología, energía limpia, mejores ingresos y oportunidades para nuestra gente.

El desafío consiste en unir al campo, la industria, la energía y el transporte dentro de una sola estrategia nacional.

Biodiésel para la transición.

Energía hidroeléctrica para la transformación.

Industria nacional para crear empleos.

Trenes eléctricos para integrar el país.

Transparencia para garantizar que los beneficios lleguen a todos.

Ese es el camino hacia una verdadera soberanía energética y productiva.

Ese es uno de los grandes motores para construir El Paraguay que Queremos.