El Paraguay que queremos – Editorial de los Lunes: Economía y Finanzas Públicas
Durante décadas, Paraguay observó a Itaipú y Yacyretá principalmente como enormes generadoras de electricidad. Una parte de esa energía alimentó nuestra economía y otra fue cedida o exportada a nuestros vecinos.
Pero la revolución de la inteligencia artificial está cambiando el valor económico de la energía.
La gran oportunidad de la IA no está solamente en desarrollar programas, aplicaciones o asistentes inteligentes. Detrás de cada modelo de inteligencia artificial existe una gigantesca infraestructura física: chips de alto rendimiento, servidores, centros de datos, redes de fibra óptica, sistemas de refrigeración y enormes cantidades de electricidad confiable.
Goldman Sachs estima que la construcción de esta nueva infraestructura mundial podría movilizar aproximadamente US$ 7,6 billones entre 2026 y 2031, considerando capacidad de cómputo, centros de datos y energía.
Estamos hablando de una de las mayores olas de inversión de nuestro tiempo.
¿Y qué tiene Paraguay que ofrecer?
Precisamente uno de los recursos que esta nueva economía necesita desesperadamente: energía eléctrica renovable en gran escala.
Itaipú y Yacyretá pueden adquirir, por tanto, una dimensión económica completamente nueva.
Nuestra energía ya no debe ser considerada únicamente un producto que se consume internamente o se exporta. Puede convertirse en la materia prima de una nueva industria digital instalada dentro del territorio paraguayo.
La pregunta estratégica es sencilla:
¿Puede Paraguay convertir Itaipú y Yacyretá en la plataforma energética de una nueva economía basada en inteligencia artificial?
Creemos que sí.
Pero eso exige cambiar nuestra manera de pensar.
NO EXPORTAR SOLAMENTE MEGAVATIOS
Un megavatio exportado como electricidad tiene un determinado valor.
Ese mismo megavatio utilizado dentro del Paraguay para alimentar centros de datos, capacidad de cómputo e inteligencia artificial puede generar inversiones, infraestructura, servicios digitales exportables, impuestos, conocimiento y empleos especializados.
Allí está la diferencia entre exportar un recurso y agregarle valor antes de exportarlo.
Paraguay realizó durante décadas esta discusión alrededor de sus productos agrícolas.
Decíamos que no debíamos limitarnos a exportar granos, sino transformarlos industrialmente.
Con nuestra electricidad debemos aplicar exactamente el mismo principio.
No exportemos solamente energía. Industrialicemos también nuestra energía.
LOS CENTROS DE DATOS SON LAS NUEVAS FÁBRICAS
En la economía industrial tradicional, una fábrica recibía electricidad y materias primas y producía bienes físicos.
La nueva fábrica digital recibe enormes cantidades de electricidad y datos y produce capacidad de cómputo, inteligencia, conocimiento y servicios digitales que pueden venderse al mundo.
Paraguay ya está apareciendo en el radar internacional.
Forbes Paraguay informó que los proyectos de centros de cómputo pueden representar inversiones desde aproximadamente US$ 40 millones hasta varios miles de millones de dólares, dependiendo de su escala.
Incluso ya existen operaciones y proyectos que comienzan a transformar energía paraguaya en capacidad computacional destinada al mercado internacional.
Esto demuestra que no estamos hablando solamente de una posibilidad teórica.
La transición ya comenzó.
PERO TENER ENERGÍA NO ES SUFICIENTE
Aquí debemos evitar otro error histórico.
Poseer Itaipú y Yacyretá no garantiza automáticamente que Paraguay se convierta en un centro regional de inteligencia artificial.
Los inversionistas necesitan electricidad abundante, pero también necesitan electricidad confiable las 24 horas del día y los 365 días del año.
Por eso Paraguay deberá acelerar las inversiones en transmisión, subestaciones, redundancia y distribución eléctrica.
La infraestructura de la ANDE deberá acompañar la infraestructura de la inteligencia artificial.
También existe una segunda gran necesidad: conectividad internacional.
Un centro de datos puede tener miles de servidores y abundante electricidad, pero si Paraguay no posee autopistas digitales capaces de transportar enormes volúmenes de información hacia los principales mercados mundiales, nuestra ventaja energética quedará incompleta.
Necesitamos más fibra óptica, rutas internacionales redundantes, capacidad de transmisión de datos y menor latencia.
La nueva infraestructura nacional deberá construirse sobre dos grandes columnas:
autopistas eléctricas y autopistas digitales.
PREVISIBILIDAD PARA LAS INVERSIONES
Las inversiones de miles de millones de dólares no se realizan pensando solamente en el próximo año.
Los centros de datos necesitan horizontes de diez, quince o más años.
Paraguay deberá ofrecer reglas claras, seguridad jurídica, contratos energéticos previsibles y una política nacional que sobreviva a los gobiernos.
No podemos modificar las condiciones cada cinco años.
La inteligencia artificial avanza demasiado rápido para que Paraguay pierda otra década discutiendo qué hacer.
TAMBIÉN NECESITAMOS PARAGUAYOS PREPARADOS
No tendría sentido atraer miles de millones de dólares en infraestructura tecnológica si los empleos especializados terminaran siendo ocupados mayoritariamente desde el exterior.
Nuestra política educativa debe acompañar esta estrategia.
Universidades, institutos técnicos y centros de formación deberán preparar ingenieros eléctricos, electrónicos, informáticos, especialistas en inteligencia artificial, ciberseguridad, redes, refrigeración industrial y administración de centros de datos.
La energía paraguaya debe generar también conocimiento paraguayo.
Ese es el verdadero salto hacia el desarrollo.
UNA POLÍTICA ECONÓMICA PARA LA ERA DE LA IA
Paraguay necesita construir una estrategia nacional que conecte:
Itaipú + Yacyretá + ANDE + fibra óptica + centros de datos + inteligencia artificial + universidades + inversión privada.
No como proyectos aislados.
Como una política económica de Estado.
El objetivo debe ser convertir nuestra ventaja energética en una ventaja tecnológica permanente.
Incluso debemos pensar en crear corredores tecnológicos alrededor de nuestra infraestructura eléctrica de alta capacidad, donde puedan instalarse centros de datos, industrias digitales y empresas tecnológicas.
El mundo necesitará cada vez más electricidad para alimentar la inteligencia artificial.
Paraguay posee esa electricidad.
Pero poseer el recurso no alcanza.
Hay que convertirlo en desarrollo.
DE LA ENERGÍA AL CONOCIMIENTO
Durante mucho tiempo nos preguntamos qué hacer con nuestra energía excedente.
Tal vez la revolución tecnológica mundial esté comenzando a ofrecernos una respuesta.
Podemos seguir siendo simplemente un gran productor y exportador de electricidad.
O podemos utilizar Itaipú y Yacyretá como las bases energéticas de una nueva economía paraguaya.
Una economía capaz de atraer capital internacional, construir infraestructura digital, formar profesionales, generar empleos altamente remunerados y exportar servicios tecnológicos al planeta.
El Paraguay que queremos no debe conformarse con vender megavatios al mundo.
Debe aspirar a algo mucho mayor:
transformar esos megavatios en inteligencia, conocimiento, inversión y desarrollo.
Porque en la economía del siglo XXI, quizás nuestra mayor riqueza no sea solamente la electricidad que producimos.
Será lo que seamos capaces de producir con ella.
Dr. Gerardo Meza C. – Economista
El Paraguay que queremos