El informe de la OEA abre un debate que Paraguay debe abordar antes de las próximas elecciones nacionales
Las elecciones municipales del 4 de octubre de 2026 terminaron, pero dejaron una discusión que el Paraguay no debería cerrar con la proclamación de los ganadores.
La Misión de Expertos Electorales de la Organización de los Estados Americanos (OEA) presentó una serie de recomendaciones sobre el sistema electoral paraguayo.
Entre ellas aparecen cuestiones fundamentales: padrón electoral, capacitación de miembros de mesa, voto asistido, bocas de urna y, especialmente, seguridad y trazabilidad de los sistemas informáticos utilizados durante una elección.
Este último punto merece una discusión nacional seria.
No se trata de afirmar que existió fraude.
Tampoco de cuestionar resultados electorales sin pruebas.
Se trata de algo institucionalmente mucho más importante:
¿Qué mecanismos necesita Paraguay para que cualquier ciudadano pueda confiar en que el sistema tecnológico utilizado en una elección es verificable, auditable y trazable de principio a fin?
Las máquinas funcionaron, pero eso no termina la discusión
Según lo informado por la Misión de la OEA, las máquinas de votación tuvieron un funcionamiento operativo satisfactorio.
Solamente el 0,8% requirió reemplazo mediante equipos de contingencia.
Ese dato debe reconocerse.
Pero el funcionamiento físico de las máquinas representa solamente una parte de un sistema electoral moderno.
Detrás existen programas, versiones de software, procedimientos de certificación, transmisión de resultados, almacenamiento de información, controles institucionales y posteriormente el escrutinio oficial.
Por eso resulta particularmente importante una recomendación de la OEA.
La Misión propone extender los procesos formales de:
aceptación del software, sellado del código (“code freeze”) y control de versiones
a la totalidad de los sistemas informáticos electorales institucionales, incluyendo el TREP y el sistema utilizado para el escrutinio oficial.
Actualmente, según el informe citado, ese procedimiento de sellado se aplica al programa de las máquinas de votación.
La recomendación merece ser explicada en términos sencillos.
¿Qué significa “congelar” o sellar el código?
Imaginemos que se desarrolla un programa informático para una elección.
Ese programa es revisado, probado y finalmente aprobado.
A partir de ese momento debería quedar perfectamente identificada la versión autorizada.
El concepto de “code freeze” busca precisamente establecer un punto a partir del cual el código aprobado queda formalmente cerrado para el proceso correspondiente.
Si posteriormente fuera necesario realizar alguna modificación, esa modificación debería quedar documentada, autorizada, nuevamente verificada y perfectamente trazada.
Es decir:
no basta con decir qué software utilizamos.
Debemos poder demostrar qué versión exacta utilizamos.
Esta diferencia parece técnica, pero es fundamental.
La confianza no puede depender de creer en el software
Cuando depositamos dinero en un banco, realizamos una transferencia electrónica o consultamos una cuenta, detrás existe software.
Pero también existen controles, registros, auditorías, trazabilidad, perfiles de acceso y mecanismos de seguridad.
Un sistema electoral debería aplicar principios igualmente rigurosos.
Por eso sostenemos:
LA CONFIANZA ELECTORAL NO PUEDE DEPENDER DE CREER EN UN SOFTWARE. DEBE PODER AUDITARSE.
Esto no significa necesariamente que todo ciudadano tenga que comprender millones de líneas de código.
Significa que las instituciones, los técnicos acreditados, los representantes de las organizaciones políticas y los mecanismos independientes de auditoría deben disponer de procedimientos capaces de comprobar que el software utilizado es exactamente el software previamente aprobado.
Software, TREP y escrutinio: tres conceptos que no debemos confundir
También resulta fundamental separar los distintos componentes.
Una cosa es la máquina utilizada por el ciudadano para seleccionar su voto e imprimir el boletín.
Otra es el Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP).
Y otra es el sistema relacionado con el escrutinio oficial.
El propio informe de la OEA destacó la rapidez del TREP: más del 99,8% de los datos fueron procesados durante la misma noche electoral.
Esa velocidad constituye una fortaleza operativa.
Pero rapidez y seguridad son conceptos diferentes.
Un sistema puede ser extremadamente rápido y, al mismo tiempo, necesitar mayores mecanismos de documentación, auditoría y control de versiones.
Precisamente por eso resulta relevante que la OEA recomiende extender esos procedimientos formales a otros sistemas informáticos electorales.
La trazabilidad debe abarcar todo el proceso
Paraguay debería avanzar hacia una verdadera cadena de trazabilidad electoral.
Desde la preparación del padrón hasta la proclamación de resultados debería poder reconstruirse cada etapa.
Padrón electoral.
Máquinas.
Software aprobado.
Versión utilizada.
Boletín físico.
Acta electoral.
Certificados.
Transmisión preliminar.
Recepción de información.
Escrutinio.
Resultado oficial.
Cada etapa debe contar con controles propios y, al mismo tiempo, integrarse dentro de una cadena verificable.
Cuando existe trazabilidad, una duda puede investigarse.
Cuando no existe trazabilidad suficiente, una duda termina convirtiéndose en sospecha.
Y la democracia necesita minimizar precisamente ese espacio.
El boletín físico constituye una garantía importante
Paraguay tiene una característica relevante en su modelo: la máquina permite realizar la selección electrónica, pero existe un boletín físico que posteriormente es depositado en una urna.
Ese soporte físico resulta importante porque proporciona una evidencia independiente del registro electrónico.
Por eso cualquier arquitectura futura del sistema electoral debería preservar y fortalecer la posibilidad de realizar verificaciones y auditorías utilizando el soporte físico cuando corresponda.
La tecnología debe facilitar el voto.
Nunca debe eliminar la capacidad de verificarlo.
187.572 jóvenes fuera del padrón definitivo
El informe de la OEA también revela otro asunto que merece atención.
Según lo reportado, 187.572 jóvenes de entre 18 y 30 años fueron categorizados como “inubicables” y no fueron incorporados al padrón electoral definitivo.
El problema habría surgido porque los registros de domicilio proporcionados por el Departamento de Identificaciones no contenían información suficiente para asignarles un local de votación.
Estamos hablando de miles de ciudadanos.
Aquí aparece nuevamente un problema que trasciende al ámbito electoral:
la calidad y la interoperabilidad de los datos del Estado.
Si las instituciones públicas administran bases de datos incompatibles, incompletas o desactualizadas, finalmente el ciudadano paga las consecuencias.
La transformación digital del Estado también debe llegar al padrón electoral.
Las bocas de urna también requieren una discusión seria
La OEA volvió a expresar preocupación por la publicación de resultados de bocas de urna mientras todavía permanecían abiertos los locales electorales.
El problema no consiste solamente en determinar si una encuesta acierta o se equivoca.
La cuestión central es otra.
¿Debe un elector que todavía no votó recibir información sobre supuestos resultados mientras la elección continúa?
Una elección debería desarrollarse procurando que cada ciudadano vote con libertad, sin que resultados no oficiales difundidos durante la jornada puedan convertirse en un elemento adicional de presión o influencia.
Si la legislación establece restricciones, deben cumplirse.
La norma debe valer para todos.
Antes de las próximas elecciones nacionales
Paraguay no debería esperar hasta pocos meses antes de unas elecciones presidenciales para discutir estos temas.
La tecnología electoral necesita confianza previa.
Por eso sería conveniente avanzar con suficiente anticipación en:
auditorías técnicas independientes;
protocolos públicos de aceptación del software;
sellado formal del código;
control documentado de versiones;
pruebas previas;
participación de técnicos acreditados de las organizaciones políticas;
cadena de custodia;
auditorías posteriores;
verificación entre registros electrónicos, actas y soporte físico;
y procedimientos transparentes para investigar cualquier discrepancia.
El objetivo no debe ser demostrar anticipadamente que alguien tiene razón o está equivocado.
El objetivo debe ser construir un sistema donde la evidencia pueda responder las preguntas.
Tecnología sí. Pero con auditoría y trazabilidad
Paraguay no debe tener miedo a la tecnología.
Todo lo contrario.
La digitalización puede hacer nuestros procesos públicos más rápidos, eficientes y transparentes.
Pero cuanto más importante sea la decisión que delegamos a un sistema tecnológico, mayores deben ser sus controles.
Y pocas decisiones públicas son tan importantes como elegir a las autoridades de la República.
Por eso nuestra posición desde EL PARAGUAY QUE QUEREMOS es sencilla:
TECNOLOGÍA, SÍ.
SOFTWARE, SÍ.
DIGITALIZACIÓN, SÍ.
Pero también:
AUDITORÍA.
TRAZABILIDAD.
CONTROL DE VERSIONES.
SOPORTE FÍSICO VERIFICABLE.
TRANSPARENCIA.
No necesitamos un sistema electoral en el que se nos pida simplemente confiar.
Necesitamos uno capaz de demostrar técnicamente por qué podemos confiar.
Porque en democracia no solamente importa contar correctamente los votos.
También importa que cada ciudadano pueda confiar en cómo fueron contados.
PRODUCTOR- CONSTRUCTOR DE CONTENIDOS DE LA COMUNIDAD DEL PARAGUAY QUE QUEREMOS
DR. GERARDO MEZA C.
ECONOMISTA