El Paraguay que queremos – Gran Editorial de la Semana
Paraguay tiene una oportunidad histórica.
Tenemos energía abundante, estabilidad monetaria, producción agropecuaria competitiva, una población con capacidad de trabajo, ubicación estratégica en el corazón de Sudamérica y posibilidades reales de atraer inversiones.
Pero existe una pregunta que debemos hacernos con absoluta claridad:
¿Por qué todas esas ventajas todavía no se traducen plenamente en una mejor calidad de vida para la mayoría de los paraguayos?
La respuesta atraviesa los grandes temas que abordamos durante esta semana en El Paraguay que queremos: economía, salud, educación, Estado Digital, industria, infraestructura, energía y transporte.
No necesitamos solamente crecer.
Necesitamos transformar el crecimiento en desarrollo.
DE LA MACROECONOMÍA A LA ECONOMÍA DE LA FAMILIA
Paraguay puede exhibir estabilidad macroeconómica, reservas internacionales, disciplina monetaria, crecimiento y reconocimiento de los mercados internacionales.
Son activos importantes y debemos preservarlos.
Pero la estabilidad pierde parte de su significado social cuando una familia no consigue crédito a tasas razonables, una pequeña empresa no puede financiarse, un trabajador permanece en la informalidad o el ciudadano paga sus impuestos sin poder comprobar claramente cómo se utiliza cada guaraní.
La macroeconomía debe llegar a la microeconomía.
Para conseguirlo necesitamos disciplina fiscal, eficiencia del gasto público, acceso al financiamiento, formalización económica y, fundamentalmente, instituciones capaces de administrar correctamente los recursos.
El equilibrio fiscal tampoco puede abandonarse cada vez que aparece una nueva necesidad política.
Los programas sociales necesarios deben tener financiamiento sostenible, evaluación de resultados y mecanismos que garanticen que los recursos lleguen verdaderamente a quienes los necesitan.
La responsabilidad social sin responsabilidad fiscal termina hipotecando el futuro.
IPS: LA TECNOLOGÍA DEBE PROTEGER AL ASEGURADO
Durante décadas hemos escuchado denuncias sobre medicamentos faltantes, compras cuestionadas, deficiencias administrativas y problemas de control en el Instituto de Previsión Social.
La respuesta no puede limitarse a cambiar autoridades.
IPS necesita transformar su sistema de gestión.
La Inteligencia Artificial puede convertirse en una herramienta permanente de auditoría: seguir medicamentos desde la compra hasta su entrega, detectar movimientos anormales de inventarios, comparar precios, identificar inconsistencias y generar alertas antes de que el perjuicio ocurra.
La decisión final continuará correspondiendo a las personas.
Pero la tecnología puede hacer mucho más difícil esconder una irregularidad.
La IA no reemplaza la honestidad; fortalece los mecanismos para exigirla.
EDUCACIÓN: TRAZABILIDAD DESDE LA ESCUELA HASTA LA UNIVERSIDAD
La transformación digital también debe llegar al sistema educativo.
Paraguay necesita integrar la trayectoria del estudiante:
Escuela → Colegio → Universidad → Carrera → Acreditación → Título → Ejercicio profesional.
Un joven no debería descubrir después de varios años de estudio que existen dificultades con la habilitación de su carrera o con el reconocimiento de su título.
MEC, CONES, ANEAES y las instituciones educativas deben avanzar hacia sistemas interoperables capaces de prevenir irregularidades antes de que el daño alcance al estudiante y a su familia.
La Inteligencia Artificial puede ayudar a detectar inconsistencias, generar alertas y facilitar información pública.
Pero existe además un desafío mayor.
No basta con formar profesionales.
Debemos crear en Paraguay las industrias y los empleos capaces de retener ese talento.
UN ESTADO DIGITAL DONDE CADA GUARANÍ DEJE HUELLAS
Esta es probablemente una de las reformas estructurales más importantes que Paraguay puede realizar durante los próximos años.
El ciudadano debería poder saber qué ocurre con sus impuestos.
Desde el momento del pago hasta el destino final de los recursos.
Recaudación electrónica, expediente digital, interoperabilidad institucional, inteligencia artificial, auditoría automática y tableros ciudadanos pueden construir una trazabilidad prácticamente permanente del dinero público.
Cada guaraní debe dejar huellas.
La tecnología no eliminará por sí sola la corrupción.
Pero puede reducir considerablemente los espacios donde prosperan la discrecionalidad, la opacidad y la manipulación administrativa.
Un Estado verdaderamente digital no consiste en convertir papeles en archivos PDF. Consiste en transformar la manera en que el Estado administra, controla y rinde cuentas.
INDUSTRIALIZAR NUESTRA ENERGÍA
Paraguay ha sido durante décadas un gran productor de energía eléctrica.
El próximo paso debe ser convertirse en un gran transformador de esa energía.
Los nuevos proyectos de fertilizantes verdes, hidrógeno, industrias electrointensivas, centros tecnológicos y otras inversiones pueden abrir una nueva etapa productiva.
El proyecto de generación solar anunciado para Villeta demuestra, además, que nuestra matriz energética puede continuar diversificándose.
Pero cada proyecto debe analizarse integralmente.
Debemos conocer su impacto ambiental, su sostenibilidad, el destino futuro de paneles y componentes y los beneficios concretos que permanecerán en Paraguay.
Si producimos fertilizantes verdes utilizando nuestras ventajas energéticas, debemos discutir también mecanismos comerciales que permitan que una parte de esa producción contribuya competitivamente al desarrollo de nuestra agricultura.
No queremos simplemente producir en Paraguay para exportar desde Paraguay. Queremos crear cadenas de valor paraguayas.
INFRAESTRUCTURA PARA EL PARAGUAY QUE VIENE
La energía solamente genera desarrollo cuando puede llegar donde se necesita.
Por eso son estratégicas las inversiones en transmisión eléctrica, particularmente las grandes líneas de 500 kV y las obras necesarias para fortalecer el sistema nacional.
La infraestructura energética debe avanzar junto con carreteras, ferrocarriles, puertos, logística, conectividad digital y transporte público moderno.
También debemos mirar con visión estratégica los proyectos vinculados a Yguazú, Acaray y las inversiones internacionales que puedan llegar.
Estados Unidos, China, Europa, Brasil, Argentina o cualquier otro socio económico pueden encontrar oportunidades en nuestro país.
Paraguay debe recibir inversiones.
Pero primero debe saber qué Paraguay quiere construir.
Las grandes potencias naturalmente defenderán sus intereses.
Nos corresponde defender los nuestros.
MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033: DE LA PROPUESTA A LA IMPLEMENTACIÓN
Todos estos temas parecen diferentes, pero tienen un denominador común:
gestión, tecnología, trazabilidad y visión de largo plazo.
Por eso MOJO – VISIÓN PAÍS 2026–2033 plantea una hoja de ruta que puede ser utilizada como punto de partida por técnicos, informáticos e instituciones públicas.
No pretendemos reemplazar al Estado ni decir que un programa informático resolverá todos nuestros problemas.
Proponemos algo más sencillo y, al mismo tiempo, más ambicioso:
demostrar que muchas soluciones pueden comenzar a construirse ahora.
La tecnología existe.
Los profesionales existen.
La energía existe.
Los recursos existen.
Lo que necesitamos es decisión institucional para conectarlos.
EL PARAGUAY QUE QUEREMOS
Llegamos al domingo después de una semana hablando de economía, IPS, educación, Inteligencia Artificial, corrupción, industria, energía e infraestructura.
En realidad estuvimos hablando de una sola cosa:
del Paraguay que dejaremos a las próximas generaciones.
No queremos un país donde la macroeconomía avance mientras la familia queda atrás.
No queremos hospitales donde falten medicamentos mientras se pierden recursos.
No queremos jóvenes que estudien durante años para descubrir después que el sistema les falló.
No queremos seguir exportando solamente materias primas, energía o talento.
No queremos un Estado donde el ciudadano entregue su dinero y después pierda completamente su rastro.
Queremos un Paraguay que produzca.
Que industrialice.
Que eduque.
Que cuide.
Que innove.
Que rinda cuentas.
Que construya infraestructura.
Que utilice su energía para generar trabajo y conocimiento.
Y que coloque la tecnología al servicio del ciudadano.
Paraguay no necesita comenzar de cero.
Necesita ordenar lo que tiene, conectar lo que está disperso y transformar sus ventajas en oportunidades para su gente.
La verdadera riqueza de una nación no se mide únicamente por cuánto produce.
Se mide por lo que esa producción consigue transformar.
Transformar una escuela.
Transformar un hospital.
Transformar una empresa.
Transformar una comunidad.
Transformar la vida de una familia.
Ese debe ser nuestro compromiso para 2026–2033.
Porque el país que queremos no llegará simplemente con el paso de los años.
Hay que construirlo.
Y cuanto antes empecemos, más cerca estaremos de entregar a nuestros hijos y nietos un Paraguay mejor que el que recibimos.
Ese es nuestro desafío. Esa es nuestra responsabilidad. Y esa sigue siendo nuestra esperanza.
Dr. Gerardo Meza C. – Economista
El Paraguay que queremos