Una banca sólida necesita instituciones sólidas, reglas previsibles y un Banco Central independiente
La reciente Convención Bancaria organizada por la Asociación de Bancos del Paraguay (ASOBAN) dejó planteados temas que trascienden los intereses particulares del sistema financiero.
El debate no debería reducirse a cuánto crecen los depósitos, cuánto aumenta el crédito o cuál es la rentabilidad de las entidades financieras.
La verdadera discusión es más amplia:
¿Qué sistema financiero necesita el Paraguay para acompañar su desarrollo económico durante los próximos años?
Paraguay llega a esta discusión desde una posición que debe ser valorada, pero también protegida.
El país ha avanzado en estabilidad macroeconómica, fortalecimiento de su sistema financiero, modernización de la regulación y construcción de credibilidad internacional.
Y existe un activo particularmente importante:
EL GRADO DE INVERSIÓN NO ES UN TROFEO: ES CONFIANZA
Alcanzar el grado de inversión significa que evaluadores internacionales reconocieron determinados avances en la capacidad económica e institucional del Paraguay.
Pero esa confianza no es irreversible.
Se construye durante años y puede deteriorarse cuando aparecen señales de improvisación, inseguridad jurídica, debilitamiento institucional o decisiones económicas alejadas de criterios técnicos.
Por eso, cuando hablamos de preservar la estabilidad financiera, también estamos hablando de preservar la imagen del Paraguay ante quienes analizan dónde invertir su capital.
Los grandes inversionistas no observan solamente tasas de interés o rentabilidad.
Observan también:
- estabilidad macroeconómica;
- disciplina fiscal;
- calidad institucional;
- seguridad jurídica;
- previsibilidad de las reglas;
- fortaleza del sistema financiero;
- independencia de los organismos reguladores.
Ese conjunto constituye lo que podríamos denominar la infraestructura invisible de la confianza.
EL BANCO CENTRAL DEBE CONSERVAR SU INDEPENDENCIA TÉCNICA
Una de las instituciones fundamentales dentro de esa arquitectura es el Banco Central del Paraguay.
La estabilidad monetaria y financiera exige decisiones profesionales, técnicas y previsibles.
El BCP no puede convertirse en un instrumento circunstancial de intereses políticos, empresariales o sectoriales.
Su fortaleza reside precisamente en su capacidad para tomar decisiones sustentadas en información, estadísticas, análisis de riesgo y criterios técnicos.
Por eso sostenemos:
La independencia del Banco Central no debe proteger a una institución de la sociedad; debe proteger a toda la sociedad de decisiones económicas improvisadas.
Gobiernos pasan.
Autoridades cambian.
Los ciclos políticos terminan.
Pero las consecuencias de una mala regulación financiera pueden permanecer durante muchos años.
REGULAR NO SIGNIFICA IMPROVISAR
El sistema financiero necesita regulación.
No existe contradicción entre un mercado financiero dinámico y un regulador fuerte.
Por el contrario, cuanto más sofisticado se vuelve el sistema financiero, mayor debe ser la capacidad técnica de supervisión.
Pero también es razonable que las normas importantes sean precedidas por análisis de impacto, consultas técnicas y espacios institucionales donde puedan escucharse las observaciones de quienes deberán aplicarlas.
Diálogo no significa cogobierno.
El regulador debe conservar siempre la decisión final.
Sin embargo, escuchar previamente a bancos, aseguradoras, cooperativas, empresas, consumidores, especialistas y demás sectores afectados puede mejorar sustancialmente la calidad de una regulación.
Las mejores normas no deberían surgir de presiones particulares.
Deben surgir de evidencia.
LA BANCA PARAGUAYA TIENE MÚSCULO. AHORA DEBE AMPLIAR SU IMPACTO
Durante la Convención también quedó planteado otro desafío relevante.
El crecimiento del sistema financiero debe traducirse cada vez más en desarrollo económico.
Paraguay necesita que el crédito llegue con mayor profundidad a:
las micro, pequeñas y medianas empresas; la vivienda; la producción; la industria; la innovación; la tecnología; los jóvenes emprendedores y los proyectos capaces de generar empleo formal.
Una banca sólida es necesaria.
Pero una banca sólida integrada a una economía productiva es todavía más importante.
El desafío ya no consiste solamente en tener instituciones financieras solventes.
Consiste en utilizar esa capacidad financiera para ampliar las oportunidades económicas del país.
DIGITALIZACIÓN, IA Y NUEVOS RIESGOS
Existe además una transformación que ninguna regulación puede ignorar.
La Inteligencia Artificial, las fintech, los pagos digitales, la automatización del crédito y el análisis masivo de datos están modificando rápidamente el negocio financiero.
Esto crea enormes oportunidades.
Pero también nuevos riesgos.
Fraude digital, ciberataques, suplantación de identidad, decisiones automatizadas, protección de datos y concentración tecnológica pasarán a ocupar un lugar cada vez más importante dentro de la supervisión financiera.
El Paraguay no puede regular el sistema financiero del futuro utilizando exclusivamente conceptos del pasado.
LA PALABRA CLAVE ES CONFIANZA
Después de analizar los diferentes temas planteados en la Convención Bancaria, existe una palabra que resume buena parte del desafío:
CONFIANZA.
Confianza del ahorrista en su banco.
Confianza del banco en quien solicita un crédito.
Confianza del empresario para invertir.
Confianza del ciudadano en las instituciones.
Confianza del inversionista extranjero en las reglas del Paraguay.
Y confianza de los mercados internacionales en que nuestro país mantendrá políticas económicas responsables.
Sin confianza, el dinero busca otros destinos.
NUESTRA PROPUESTA
Desde EL PARAGUAY QUE QUEREMOS consideramos que Paraguay debería consolidar una política financiera de Estado basada en cinco principios:
1. Independencia técnica del Banco Central del Paraguay.
2. Regulaciones sustentadas en evidencia, estudios de impacto y diálogo técnico previo.
3. Seguridad jurídica y estabilidad de las reglas.
4. Mayor inclusión financiera y orientación del crédito hacia la economía productiva.
5. Incorporación permanente de tecnología, Inteligencia Artificial y sistemas modernos de supervisión.
A esto debe agregarse una condición transversal:
disciplina macroeconómica y fiscal.
Porque no sería coherente exigir prudencia y solvencia al sistema financiero privado mientras el propio Estado debilita permanentemente sus reglas fiscales.
UNA CONQUISTA QUE DEBEMOS CUIDAR
Paraguay tardó décadas en construir credibilidad.
El grado de inversión, la estabilidad monetaria y la fortaleza del sistema financiero no pertenecen a un gobierno, un partido político, un banco ni una asociación empresarial.
Son activos del Paraguay.
Por eso deben preservarse con instituciones profesionales y políticas públicas responsables.
El verdadero desafío después de esta Convención no consiste simplemente en preguntarnos cuánto puede crecer la banca paraguaya.
La pregunta estratégica es otra:
¿Cómo utilizamos un sistema financiero sólido para transformar esa estabilidad en inversión, producción, innovación y empleo?
Allí comienza la siguiente etapa.
Porque un país no se desarrolla solamente teniendo dinero disponible.
Se desarrolla cuando existen instituciones confiables, reglas previsibles y proyectos capaces de transformar el ahorro en inversión productiva.
EL PARAGUAY QUE QUEREMOS
Dr. Gerardo Meza C.
Economista
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